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Pasión

Pasión

Originalmente publicado en El Tragamiento:

Primero decidimos ir al cine y luego escogimos la película. Nos ocurre con cierta frecuencia. La rutina hace que nos “olvidemos” de salir, pasan las semanas, los meses… y de pronto un día se abre una ventana de oportunidad y decidimos no perderla. Pues vamonos al cine. Todos esos meses de rutina dejamos pasar películas que parecen muy interesantes, pero es curioso que cuando de pronto se pone a tiro la posibilidad, ya no proyectan ninguna de aquellas que planeamos ver.

Bueno, pues parece que “Chef” tiene buen aspecto. Y allá que fuimos.

Quizá la expectativa creada por la crítica consultada fué excesiva. Había leído las reseñas de una revista y una web  especializadas y me convencieron de que merecía la pena verla.

Me gustó, la verdad. Aunque no era lo esperado en intensidad, me gustó. Fui a ver una historia de alta cocina, chefs sofisticados, relaciones tormentosas y se…

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Publicado por en 29 de agosto de 2014 en Literatura

 

“Hay algo profundamente erróneo en la forma en que vivimos hoy”

Tony JudtTony Judt: Algo va mal, tratado sobre el malestar del presente

Muchos sentimos perplejidad ante una sociedad que ha hecho del dinero su único criterio moral, que ha convertido en virtud la búsqueda del interés material individual. Hasta el extremo de que es lo único que queda como sentido de voluntad colectiva. Y así asistimos a crecimientos salvajes de la desigualdad interior en nuestros países, a la humillación sistemática de los más débiles, a los abusos de poderes no democráticos —empezando por el poder económico— frente a los cuales el Estado es impotente, sin que apenas encontremos el cauce para el menor revuelo o indignación que verdaderamente llegue, no ya a los oídos, sino a las mentes de nuestros dirigentes políticos que, como hemos podido ver, sufren la misma perplejidad y, seguramente, el mismo miedo ante el vacío. La reducción de la experiencia humana a la vida económica se ha convertido en algo natural. Una naturalidad que surge del mundo construido en los años ochenta sin alternativa, fundado “en la admiración acrítica por los mercados sin restricciones, el desprecio del sector público y la ilusión falsa del crecimiento infinito”. Estas palabras son de Tony Judt, en Algo va mal [1], escrito en la fase final de la esclerosis lateral amiotriófica que le llevaría a la muerte hace tres años. Fueron dos años de decaimiento que Judt, con la ayuda de familiares y amigos, convirtió en un tiempo de creatividad. Este libro es, de algún modo, su testamento político.

Algo_va_malEn su libro, Judt afirma: “La socialdemocracia no representa un futuro ideal, ni siquiera representa el pasado ideal. Pero entre las opciones disponibles hoy, es mejor que cualquier otra que tengamos a mano”. Y más adelante: “¿Por qué nos hemos apresurado tanto en derribar los diques que laboriosamente levantaron nuestros predecesores? ¿Tan seguros estamos de que no se avecinan inundaciones?” Otras ideologías morales, sociales, económicas han fracasado. Desde el comunismo llevado a aquello que se llamó el comunismo real, hasta la deserción del liberalismo, disfrazado ahora de otro liberalismo real: el neoliberalismo que hoy triunfa y que, según muchos, está en la base de la crisis económica y ética que sufrimos actualmente. Si atendemos a los que defienden este neoliberalismo podemos recordarles lo que escribían los padres de ese liberalismo que dicen defender.

Tony Judt cita al mismísimo Adam Smith para reafirmar el carácter destructivo de la cultura de admiración acrítica de la riqueza como “la causa más grande y más universal de corrupción de nuestros sentimientos morales”. Pero la frase completa de Smith a la que apunta se acompañaba de afirmaciones tan contradictorias como esta: “Esta disposición a admirar y casi venerar al rico y al poderoso y a menospreciar o, al menos, desdeñar a las personas de condición pobre y humilde, si bien necesaria para establecer y mantener la distinción de rangos y el orden de la sociedad, es, al mismo tiempo, la causa mayor y más universal de la corrupción de nuestros sentimientos morales”. Naturalmente, hay que comprender también el otro contexto, me refiero al histórico y moral del padre de la economía clásica que observaba en el mismo libro [2] que “sentir mucho por los demás y poco por nosotros mismos; reprimir nuestro egoísmo y practicar nuestras inclinaciones benevolentes; esto constituye la perfección de la naturaleza humana”, porque casi siempre a lo largo de la historia del pensamiento económico se ha reclamado un vínculo indeleble entre intereses particulares y globales y los medios que deben y pueden utilizarse para satisfacerlos.

Y John Stuart Mill, el padre del utilitarismo económico, contemporáneo de los albores de la Revolución industrial, llegó a decir que “la idea de una sociedad en la que los únicos vínculos son las relaciones y los sentimientos que surgen del interés pecuniario es esencialmente repulsiva”, porque ni siquiera en la cabeza de un liberal clásico cabía la posibilidad de reducir los cometidos de la economía a una versión desentendida de los valores de la solidaridad y el bien común: “La sociedad puede ejecutar, y ejecuta, sus propios decretos; y si dicta malos decretos, en vez de buenos, o si los dicta a propósito de cosas en las que no debería mezclarse, ejerce una tiranía social más formidable que muchas de las opresiones políticas, ya que si bien, de ordinario no tiene a su servicio penas tan graves, deja menos medios de escapar a ella, pues penetra mucho más en los detalles de la vida y llega a encadenar el alma [3].”

Ahora que está tan de moda tomar la gran tradición liberal en vano para hacerla cómplice de un neoliberalismo que nada tiene que ver con ella, estos dos clásicos del liberalismo, aun en sus contradicciones, ilustran la necesidad de la reflexión moral ante el descalabro que la crisis y las medidas anticrisis están provocando en las sociedades europeas. Por mucho que se niegue, la crisis europea ya no es sólo económica, es profundamente moral, cultural y política. Esos pilares, esos autores, son los que, irónicamente, hoy reclaman como padres gentes vulgares, incultas, que han renunciado a cualquier objetivo medianamente racional o sensato en aras de la consecución desordenada de riqueza rápida y fácil. Gentes banales, míseras, que desde anónimas corporaciones, puestos de poder conseguidos con patéticas argucias, envían sin contemplaciones a la miseria a tantos millones de personas.

Algo va mal es una de las más sólidas y razonadas defensas de la socialdemocracia que uno puede leer en nuestros días. Su reconstrucción histórica del papel del Estado del Bienestar en la formación de las sociedades ricas de Occidente es breve y bella, como lo es su reiterado homenaje a la vieja y buena tradición liberal. Sin embargo, Algo va mal no es solo una historia de la filosofía y la práctica políticas de los últimos 65 años. Es también un análisis del devenir de la izquierda democrática desde sus años de mayor esplendor y un ensayo sombrío sobre el estado del mundo hoy.

Judt describe la ceguera del mundo en que vivimos, en el que un aumento global de la riqueza disimula las disparidades distributivas que colapsan la movilidad social y destruyen la confianza mutua indispensable para dar sentido a la vida en sociedad. La tríada inseguridad, miedo, desconfianza como base de un sistema de dominación que encuentra en la indiferencia la clave de su éxito. La pregunta que recorre el libro de Judt es: ¿por qué es tan difícil encontrar una alternativa? Y nos conduce a los efectos combinados de la hegemonía ideológica conservadora y la globalización: la economía se ha globalizado, la política sigue siendo local y nacional. En este punto la política debería encontrar empatía en una ciudadanía que en su inmensa mayoría vive su experiencia en el ámbito local y nacional. En vez de reforzar este vínculo, la política se ha ido desdibujando en la resignada aceptación de los límites de lo posible fijada por los mercados.

El gran problema para Tony Judt es el vacío moral: no podemos seguir evaluando nuestro mundo y decidiendo las opciones necesarias sin referentes y juicios morales. Solo sobre ellos se puede reconstruir la confianza. Y la confianza es necesaria para el buen funcionamiento de todo, incluso de los mercados.

De la crítica de la construcción de la hegemonía, que data de los años ochenta, no surge un discurso melancólico del pasado. Es evidente que en los treinta años posteriores a la II Guerra Mundial (“los Treinta Años de Oro”) los ciudadanos de Estados Unidos y de la Europa democrática vivieron en las mejores condiciones sociales que se han conocido. Pero era un privilegio de un restringido grupo de países que habían encontrado el equilibrio “entre innovación social y conservadurismo cultural”. Estados Unidos y Europa llegaron a un consenso: el Estado podía y debía intervenir “para compensar las insuficiencias del mercado”, cuenta Judt. Los actores de tal consenso no eran gente que hoy consideraríamos progresista, sino hombres de instinto conservador y elitista —Keynes, Attlee, Roosevelt, De Gaulle— que habían sentido un genuino horror ante la inestabilidad social provocada por las guerras, y que comprendieron que el mejor modo de cancelar la posibilidad de un retorno a ese infierno era reducir la desigualdad, el desempleo y la inflación al mismo tiempo que se mantenía un gran espacio para el mercado y las libertades públicas, todo ello bajo estricta regulación estatal.

Durante esos treinta años el consenso se mantuvo: fueran demócratas o republicanos quienes gobernaran en Estados Unidos, o socialdemócratas, democratacristianos y conservadores quienes lo hicieran en los países de Europa, no hubo grandes disensiones: los Estados —cada uno en mayor o menor medida, naturalmente, dependiendo de su cultura política y sus posibilidades— debían proveer infraestructuras, medios de transporte públicos, subsidios al desempleo, viviendas protegidas, sanidad subvencionada, acceso a la cultura, límites de precios y mecanismos de ascenso social a todos los ciudadanos. La fórmula funcionó, afirma Judt: en Estados Unidos y Gran Bretaña se redujo la brecha entre ricos y pobres, Alemania se levantó de dos derrotas en una sola generación, Francia vio cómo el empleo se volvía seguro y en el norte de Europa se forjaron sociedades muy estables.

Pero ese consenso, prosigue, se rompió en el transcurso de una sola década, entre mediados de los sesenta y mediados de los setenta. Por un lado, los jóvenes de la Nueva Izquierda, con su confusa amalgama ideológica de maoísmo, libertad sexual, ecología y psicoanálisis, se hartaron del paternalismo del Estado, del bienestar adocenado, de los maestros autoritarios, y rompieron con la socialdemocracia. Era el 68 y sus aledaños: los parámetros morales y culturales de aquellos años abrieron, inconscientemente, el camino a la radicalización del individualismo que, a su vez, daría paso a la revolución conservadora de los ochenta, alimentada por la fatua reacción occidental ante la caída de los regímenes de tipo soviético. La historia ha terminado, decían, como si la promesa de Marx de sustituir la política por la administración de las cosas hubiera llegado de la propia derrota del comunismo. El extremo de una parte de la derecha —heredera de los teóricos de la escuela de Viena, como Böhm-Bawerk o Von Mises, que tras su experiencia con el nazismo y el comunismo consideraban toda injerencia del Estado una pendiente hacia el totalitarismo— vio en los subsidios una recompensa a la inactividad, en las empresas públicas un monumento a la ineficiencia, y en la burocracia una tortura. Era la grieta que dividiría la derecha entre conservadores y neoliberales. Separadas y unidas, la nueva izquierda y la nueva derecha acabaron con el orden de las cosas que se había mantenido desde la posguerra y alumbraron nuestro mundo. Por un lado, la economía de Reagan y Thatcher. Por el otro, una izquierda hedonista y más preocupada por las identidades minoritarias y las clases medias emergentes que por el proletariado. El resultado de esta simbiosis, en la que desde entonces nos manejamos políticamente, dice Judt en la primera frase de Algo va mal, es que “Hay algo profundamente erróneo en la forma en que vivimos hoy”. Y más adelante afirma que derecha e izquierda han intercambiado sus roles en la sociedad, con una izquierda instalada en la esperanza de conservar las instituciones sociales, mientras que la derecha se ha convertido en radical, abandonando “la moderación social a la que tan bien sirvió”.

La izquierda se fue quedando muda, mientras la derecha se esforzaba en el desprestigio del Estado. Y así seguimos, sin alternativa. ¿La democracia puede sobrevivir mucho tiempo a la cultura de la indiferencia? “La participación en el Gobierno no solo aumenta el sentido colectivo de la responsabilidad por todo lo que hace el Gobierno, también preserva la honestidad de los que mandan y mantiene a raya los excesos autoritarios”, dice Judt. Por el camino hemos perdido la idea de igualdad. Sin ella el discurso socialdemócrata se desdibuja. ¿Qué hay que hacer? Repensar el Estado, reestructurar el debate público, rechazar la tramposa idea de que todos queremos lo mismo, y replantearnos la vieja cuestión de William Beveridge: “¿bajo qué condiciones es posible y valioso vivir, para los hombres en general?” [4].

Mientras los políticos de izquierda defienden la socialdemocracia con la boca pequeña, para Tony Judt es la única apuesta adecuada porque la desigualdad es hoy el problema capital. Para ello la socialdemocracia necesita trabajar por el prestigio del Estado, reconstruir un lenguaje propio y encontrar un relato moral. Injusticia, desigualdad, deslealtad, inmoralidad, la socialdemocracia tenía un lenguaje para hablar de ellas y ha renunciado a él. Venimos de dos décadas perdidas, dice Judt, entre el amoralismo egoísta de Thatcher y Reagan y la autosuficiencia atlántica de Clinton y Blair. Y nada garantiza que no sigamos así. Judt se apoya en Tolstói para advertirnos de que “no hay condiciones de vida a las que un hombre no pueda acostumbrarse, especialmente si ve que a su alrededor todos las aceptan”.

Es muy difícil acusar de catastrofista a un libro cuando grandes partes del mundo —incluidas grandes partes del mundo rico— se hallan en un estado tan calamitoso como el de nuestros días. Los índices de desempleo son brutales, las desigualdades vuelven a crecer, los ricos parecen más una casta que una clase permeable y los jóvenes ven interrumpido el horizonte asumido de que, con trabajo duro, vivirían un poco mejor que sus padres, y de que ese ciclo se repetiría eternamente. Para Judt, está claro que eso se debe al retroceso del papel del Estado en la economía de las naciones —a la desregulación de las finanzas, a la asunción dogmática de que toda privatización de empresas públicas es una mejora en la eficiencia, a la dejación de la responsabilidad pública para con los más desesperados—, pero también, y hasta sobre todo, a la inexistencia de un lenguaje político que permita a la izquierda oponerse a todos esos procesos: la inercia política desde los años setenta ha convertido “la búsqueda del beneficio material” en la virtud suprema, al punto de que esa búsqueda “es todo lo que queda de nuestro sentido de un propósito colectivo”. El Estado ha renunciado. Hemos olvidado que “el estilo materialista y egoísta de la vida contemporánea no es inherente a la condición humana” y es responsabilidad nuestra haber dejado que todos creyéramos que sí lo es. La lección de treinta años de estabilidad ha sido arrojada al basurero de la historia y ahora nuestra vida es presa del azar: “Ya no nos preguntamos sobre un acto legislativo o un pronunciamiento judicial: ¿es legítimo? ¿Es ecuánime? ¿Es justo? ¿Es correcto? ¿Va a contribuir a mejorar la sociedad del mundo?” Eso a nadie parece importar, porque salvo quienes simplemente han arrojado la toalla, el resto al menos están intentando evitar ser pobres y unos pocos a hacerse aun más ricos a costa del hundimiento del Estado.

Y esta realidad sí es una situación catastrófica. La vida de un ciudadano medio puede verosímilmente empezar en un hospital público, seguir en una escuela pública y continuar en una universidad pública con la ayuda de los libros y periódicos que lee en la biblioteca pública a la que se desplaza en transporte público; este ciudadano puede curar sus achaques en un ambulatorio público, jubilarse con una pensión pública, asistir a clases de yoga en un centro de día público y morir, como nació, en un hospital público. Esto no es ninguna caricatura, y con la salvedad de la educación y quizá de la sanidad—hablo de España— es probable que todos esos servicios sean razonablemente aceptables, sea quien sea el que gobierne. Se nos dirá, sin duda, que este ciudadano deberá optar entre varios bancos para guardar su dinero —el Estado garantiza que no lo perderá aunque el banco quiebre—, entre varias compañías para comunicarse por teléfono y tener acceso a internet —el Estado regula (mal) en qué condiciones y garantiza su derecho a una línea aunque sea en un lugar tan remoto que no resulta rentable para la empresa— y, finalmente, dónde hacer la compra en un sinfín de establecimientos que para operar deben estar en posesión de una serie de licencias y certificados que otorga la autoridad pública. Ahora es demasiado tarde, pero si hace unos meses decidió adquirir un coche, el Estado le echó una mano.

Con todo esto, naturalmente, no pretendo tomarme a la ligera el análisis de Judt, que es extremadamente serio y, sin duda, el mejor que la izquierda puede proponernos. Hasta el más liberal sabe que “lo único peor que demasiado gobierno es demasiado poco”, y nada tiene de malo que el Estado sea una presencia constante en el arco vital de los ciudadanos si hace bien su trabajo, con ambición pero también con prudencia. Y nadie que conozca mínimamente cómo funcionan las sociedades puede creer que la retórica del Tea Party norteamericano o la reaparición de la ultraderecha y los nacionalismos europeos, los nuevos enemigos del gobierno liberal tengan la menor posibilidad de articular un pensamiento político funcional. Ahora bien, si algo va mal, y son muchas las cosas que van estrepitosamente mal, no es solo debido a que el Estado haya dimitido de sus responsabilidades, sino más bien a que somos la mayor parte de los ciudadanos quienes hemos dimitido de las nuestras. “Como ciudadanos de una sociedad libre —dice Judt— tenemos el deber de mirar críticamente a nuestro mundo. Si pensamos que algo está mal, debemos actuar en congruencia con ese conocimiento”. Tengo para mí que eso significa que en ocasiones deberemos pedir más intervención del Estado y en otras menos. Pero que en la mayoría de casos deberemos exigir que el Estado intervenga de otra manera. La extraordinaria lección de imaginación política que fueron los Treinta Años de Oro, como nos la explica maravillosamente Judt, nos será muy útil. Aunque no sé muy bien si imitarla, como él propone, nos sacará del hoyo esta vez.


[1] Tony Judt: Algo va mal, un tratado sobre el malestar del presente, traducción de Belén Urrutia. Taurus. Madrid, 2010.

[2] Adam Smith: Teoría de los sentimientos morales, 1759.

[3] John Stuart Mill, Sobre la libertad, Alianza Editorial, Madrid, 1970.

[4] Report to the Parliament on Social Insurance and Allied Services (“Informe al Parlamento acerca de la Seguridad Social y de sus prestaciones derivadas”), 1942. También conocido como Informe Beveridge.

 

Tristan Tzara y Antonio Machado

Antonio Machado, por José Machado

Antonio Machado, por José Machado

 

Suelen afirmar los biógrafos del poeta que Antonio Machado murió de pena. El miedo, la pobreza, las interminables esperas en la frontera, el frío, el fracaso, la nostalgia, la soledad… —nos dicen—, van a precipitar su prematura muerte. El cariz sombrío de los acontecimientos en la guerra que terminará con el agobiante periplo final por España y Francia. La separación durante la guerra y luego el tremendo sinsabor de ver a su hermano Manuel, tan inseparable camarada de empresas literarias y teatrales, convertido ahora en valedor de esa España que empuja a él y su otra familia al exilio. Las solicitudes por su madre anciana —que morirá tres días después del poeta— y por sus sobrinas —hijas de su hermano José—, a las que quería como un padre y de las que no se tenía noticia. La irremediable pérdida de Guiomar, su gran amor otoñal, cuyo recuerdo le acompañará durante todo el exilio interior y exterior, hasta las mismas puertas de la muerte. Todos estos sucesos —nos repiten—, agotarán moralmente al poeta y acortarán una vida que no alcanzará los 65 años.

 

Tal es la interpretación tradicionalmente aceptada de las causas de su muerte. Y, naturalmente, en gran parte acertada. Aunque probablemente incompleta porque olvida, a nuestro juicio, un componente fundamental. Se hace muy poca referencia en su biografía a las dolencias de Antonio Machado. El poeta padeció y murió de una enfermedad pulmonar crónica, derivada en gran parte de su inveterado hábito de fumar. Tal enfermedad menoscabó de forma definitiva su resistencia ante las adversidades y añadió un suplemento de dolor a sus últimos años.

 

Tristan Tzara

Tristan Tzara

Es fácil comprobar este aserto si comparamos la peripecia vital del poeta con la de otros asistentes que lo acompañaron en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia en 1937. Muchos de ellos, con más vigorosa salud que Machado —Malraux, Tristan Tzara —al que citaremos abajo—, John Dos Passos, Hemingway, Hesse, Bertold Brecht, Neruda…—, seguirán en la brecha de la lucha por las libertades, también en el exilio y en las dramáticas circunstancias que van a sobrevenir en la ya próxima Segunda Guerra Mundial. Y quizá esta importancia de una salud más robusta la podamos intuir mejor al comparar a Machado con alguien que, en cierto modo, compartió circunstancias vitales similares. Se trata de un coetáneo suyo que no asistió al Congreso pero remitió su adhesión. Alguien al que la intolerancia de sus semejantes también empujó al exilio. Una persona, en fin, que, como el poeta, sucumbirá a las complicaciones derivadas del tabaco. Nos estamos refiriendo a Albert Einstein. En efecto, Einstein era sólo cuatro años más joven que Machado y, tras perder todas sus propiedades e incluso algunos familiares en los campos nazis de concentración, partirá para el exilio estadounidense seis años antes de la muerte de Machado. Seguirá luchando incansablemente durante 16 años más tras la muerte del poeta, por la libertad de los pueblos, y prestará su voz a innumerables iniciativas pacifistas y compromisos en favor de la dignidad humana. Como el escritor, en sus últimos tiempos apurará hasta las colillas de sus cigarrillos o hasta la última partícula de su pipa. Morirá finalmente por la ruptura de un aneurisma abdominal, claramente en relación con el arraigado hábito tabáquico. En estas líneas se intentan evocar algunas circunstancias sobre aquel proceso morboso que finalmente llevó a la tumba a Antonio Machado.

 

Tristan Tzara, uno de los padres de las vanguardias europeas, autor nada más y nada menos del Manifiesto Dadá en 1918, sentía auténtica veneración por Antonio Machado. Y el testimonio de ese respeto lo suscribió en un poema titulado Para Antonio Machado, que reza así:

Velada de los mares en el frente de las fuentes
En la palma de tu presencia Collioure
Yo he acariciado la eternidad yo he creído en ella
Y en el vivo silencio de tu viña
Yo he enterrado el recuerdo y la amargura

Humo de otoño negro pedregal
Minuto tras minuto ha colocado su ladrillo
Alrededor de la casa del solitario
El viento afila el cuchillo en la montaña
El invierno le ofrece ya su pecho

Qué importa en el corazón de la melancolía
Se inscribe una vida ligera de lagarto
Qué importa bajo la sal de la luz
Que una sonrisa como un látigo venga a iluminar los dientes
En las mismas comisuras de la vida serena

Toda la tierra entre las tierras de Castilla
Reposa en tu tierra con lentos secretos de amistades
Y desde el olivo tardío hasta el mar siempre joven
La voz de la tierra se mezcla con la bravura jamás vencida de Castilla
Incluso por la muerte por la sangre poderosa de la brizna de hierba en primavera.

(Traducción de Manuel Álvarez Ortega, Poesía francesa contemporánea, Akal, 1983)

Y tras su lectura no pude por menos que sentir perplejidad y satisfacción. Perplejidad al comprender que, para un lector hispano, hermanar en una misma frase los nombres de Machado y Tzara implica desasirse, primero, de una pesada carga, aquella que durante demasiado tiempo quiso imponer (desde ciertos medios de comunicación y ciertas capillas literarias) la visión de una literatura figurativo-experiencial (heredera, supuestamente, de la estirpe machadiana) que nada tenía que ver con la vanguardia y la aventura del lenguaje. Y que esta tradición era la única, la genuina, la propia de nuestro ethos literario. E inmediatamente sentí una honda satisfacción por reconocer cómo las conexiones estéticas superan, con mucho, esos estrechos vampirismos a los que algunas maras literarias nos tienen acostumbrados. Antonio Machado lleva demasiado tiempo secuestrado. Deformado tras quienes sienten injusto desprecio por las vanguardias, sean éstas históricas, modernas o postmodernas. Guardado bajo siete llaves. Y al leer una y otra vez el poema de Tzara me voy dando cuenta de cuan espuria es esta mistificación, otra más de las muchas con las que tenemos que lidiar a diario, pues quizá oculta una operación de más largo alcance: negar la multiplicidad de la lectura. Reducir a escombros la heterogeneidad de la propia tradición poética española, travestida en una suerte de campo de concentración homogéneo, unívoco en sus perspectivas. Van a hacer falta muchos Tzaras capaces de desbordar nuestros prejuicios. Capaces de proyectar miradas laterales, insumisas a los dogmas que se han venido levantando, lentamente, sobre nuestras conciencias. Para quienes se empeñan en reducir a Machado y travestirlo en mero autor confesional, me gustaría recordarles estas palabras de Roland Barthes: «Si tomamos en cuenta que ha pasado por nosotros el psicoanálisis, la crítica sartreana de la mala conciencia, la crítica marxista de las ideologías, la idea de confesión es inútil. La sinceridad no es más que un imaginario de segundo grado».

 

Sigamos buscando a Tzara. Sigamos repensando nuestra tradición.

José Antonio Serrano Segura

La Obra Poética de Antonio Machado

 

 
 

Siguen los problemas para Google

Logotipo de Google

Logotipo de Google

Como anunciábamos en artículo del pasado jueves, la apuesta de Google por integrar entre los resultados de búsqueda los de su red social Google+, ha añadido, no sólo problemas con la privacidad y la neutralidad en sus resultados de búsqueda ha provocado problemas para la compañía. Las autoridades antimonopolio norteamericanas ha decidido ampliar su investigación sobre Google.

Pese a que esta novedad, de momento solo disponible en la versión en inglés de Google, podía ser desactivada, lo cierto es que el buscador la ha venido implementando por defecto logrando un importante impacto entre sus usuarios. Tras la “mejora” de los resultados ofrecidos en Google primando en sus resultados las publicaciones llevadas a cabo en su red social, Google+, y la consiguiente recomendación de apertura de una cuenta en ella, Twitter mostró su malestar, como no podía ser de otra manera, por el perjuicio que sufría como plataforma de comunicación que de forma natural había ganado relevancia en los últimos años.

Twitter y Facebook han sentido la consiguiente merma en la posibilidad de acceder a las publicaciones de la que hoy en día es la plataforma de comunicación online más relevante, ha provocado un profundo malestar en Twitter; es decir, tweets o mensajes de personas destacadas. ¿Recuerdan aquello de “fulalo de tal está en Facebook” o la aparición de tweets de personas relevantes de la red o del mundillo del famoseo?

La primera en reaccionar ha sido Twitter, ante la aparente sorpresa de Google, que tendió la mano a un posible acuerdo que retomara total o parcialmente la colaboración que en su día mantuvo con la plataforma de microblogging. Pese a que la primera reacción de Google fue de sorpresa, Twitter decidió durante el pasado 2011 no renovar su acuerdo de colaboración con el buscador para ofrecer entre sus resultados aquellos tweets que dieran respuesta a las consultas planteadas en una búsqueda.

TwitterEl presidente de Google, Eric Schmidt, ha mostrado su lado más templado al señalar que el contenido de Google + no se ve favorecido frente al resto de redes sociales. En una reciente entrevista concedida a Marketingland, Schmidt ha indicado que la compañía líder de Internet está abierta a mantener contactos con Facebook (que hasta el momento no ha dicho ni una palabra sobre el tema) y Twitter, con la intención de lograr mejorar la indexación de sus contenidos en el buscador líder de Internet. Google necesita el acuerdo o al menos dejar claro que Twitter y Facebook no salen perjudicadas con sus últimas novedades.

Google conoce perfectamente que sus movimientos podían llegar a ser interpretados como un acto de abuso de su posición dominante. La compañía del buscador sabe que las autoridades antimonopolio europeas y norteamericanas están pendientes de sus movimientos ya que esta ha acaparado en los últimos años una posición dominante en varios mercados (búsqueda, publicidad…) que hace que cada una de sus acciones pueda afectar negativamente a la competencia llegando a suponer una importante merma de la libre competencia. Pese a que la figura del monopolio “natural” o liderazgo de un mercado es una posibilidad ajustada a Derecho, lo cierto es que las empresas como Google que están en esta situación deben llevar ciertas cautelas para no incurrir con sus actos en prácticas contra la libre competencia. Ya le ha ocurrido en ocasiones anteriores, sobre todo en los EE UU como en Europa.

Facebook frente a Google

Facebook frente a Google

Actualmente las autoridades antimonopolio están pendientes de resolver una importante causa contra Google que podrían suponer la imposición de multas multimillonarias y una pérdida considerable de imagen. Ante la presión de la competencia, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos ha decidido ampliar la investigación que actualmente lleva en marcha sobre la posible manipulación de sus resultados de búsqueda a productos como Google+. Con esta ampliación de la investigación, los resultados de la misma y la imposición o no de multas multimillonarias se retrasan a una fecha sin determinar.

El presidente ejecutivo de Google, Eric Schmidt, acudió en noviembre a responder las cuestiones planteadas por algunos senadores de Estados Unidos en la considerada como investigación más importante contra la compañía norteamericana. La comparecencia de Schmith, centrada en el posible abuso de posición dominante de Google, ha obligado a responder a preguntas como si prioriza Google sus propios productos en su buscador, o si se someten los servicios de Google a los mismos criterios de clasificación algorítmica que otros resultados orgánicos de búsquedas.

Logo Google+

Logo Google+

Empresas como la web de recomendaciones Yelp, el comparador de compras NexTag o el sitio de viajes Expedia han denunciado públicamente que Google muestra en los primeros resultados del buscador de su propiedad y control, sus propios productos con preferencia sobre los de su competencia. También se espera que se sumen a ellas empresas de publicación y difusión de vídeos en Internet que ven cómo los resultados de las búsquedas de vídeos de YouTube se ven en las primeras posiciones de los resultados.

Como era de esperar Google, a través de su presidente ejecutivo, defendió la actuación de la compañía señalando con un lenguaje farragoso y técnico que no ha alterado sus resultados de las búsquedas en su propio beneficio. El proceso de investigación seguirá abierto en busca de una respuesta definitiva.

 
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Publicado por en 21 de enero de 2012 en Internet

 

Google ofrecerá “resultados personalizados” para convertirse en un “buscador social”

A Google sign from their campus in Mountain Vi...

Google ha anunciado el inicio de una nueva experiencia más social a la hora de realizar búsquedas en su servicio. La compañía ha introducido cambios en la versión ‘.com’ de su servicio que permitirán a los usuarios acceder a resultados personalizados, con información social, cuando introduzcan nuevas búsquedas en el servicio. En concreto, Google ha introducido tres nuevas funciones pensadas para permitir estas posibilidades.

De buscador a secas a buscador social y personalizado. Es el movimiento que Google quiere dar con el lanzamiento de “Búsqueda más tu mundo” (Search plus your world), una actualización del algoritmo que integrará los contenidos de la red social Google+ en páginas de resultados privadas y personalizadas. Desde el lanzamiento de Google+ la compañía ha estado buscando una forma de integrar a información social del servicio con los resultados de búsqueda, actividad principal de la compañía. Con el botón +1 Google dio un primer paso, pero no el definitivo. Ahora, la compañía está decidida a terminar lo que había empezado y a dar más utilidad a sus resultados de búsqueda ofreciendo a los usuarios una experiencia más social del servicio.

La búsqueda de un tema concreto añadirá a los resultados a personas que hablan frecuentemente del mismo en Google+

Logo de Google+

Logo de Google+

Para sacarle partido a la novedad hay truco: Google recomienda abrirse cuenta en Google+ y permanecer conectado mientras se busca. Al teclear, por ejemplo, “viaje a Canarias”, el motor devuelve, además de los resultados de siempre, los relevantes entre nuestra red de contactos en Google+: enlaces sobre Canarias que un amigo compartió con nosotros en privado, posts y comentarios de restaurantes, fotos de la ciudad subidas a Google+ y Picasa por un compañero de trabajo… y veremos en los resultados una barra lateral con perfiles de “personas relevantes (¿?) y empresas (¡!)” listos para añadir con un solo clic. Google afirma que esta función permite ofrecer información social de temas relevantes. Con este sistema los usuarios encontrarán información social de las búsquedas, de forma que podrán añadir a nuevos contactos y seguir nuevas páginas gracias a la información social relacionada a los temas que han buscado. Google ha destacado que es una forma de descubrir “comunidades enteras de un modo totalmente innovador”. A esto lo llaman son resultados personalizados. Según la compañía, se trata de dar un carácter más social a su servicio, lo que implica incluir los perfiles en las búsquedas Se trata de que los usuarios puedan encontrar informaciones relacionadas con sus búsquedas creadas, publicadas, destacadas o compartidas por sus contactos, de forma que el interés, además de por responder a su petición de búsqueda, sea que es información que a sus contactos ha interesado. Para ofrecer estos resultados “más personales”, los usuarios que se identifiquen como miembros de Google+ verán en los resultados contenidos de sus contactos.

El contenido aparecerá arriba en los resultados, convirtiendo una búsqueda antes general en algo social, diferente y privado para cada uno. “En las próximas semanas lanzaremos Search plus your world país por país”, explica desde Mountain View (California) Amit Singhal, ingeniero responsable del lanzamiento. No es obligatorio unirse a Google+ o conectarse para buscar, pero si uno no lo hace, además de los resultados de siempre, solo verá contenidos generales y públicos de Google+, no los de su propia red de contactos. Search+ your world, como lo llaman internamente en un guiño a la red social. Singhal asegura que la mejora será tan revolucionaria como la de Instant. “Hay un mundo en Internet, el de las redes sociales, que gira alrededor de uno y que no aparece en las búsquedas. Eso cambia a partir de hoy: llevamos tu mundo personal a la página de resultados”.

Facebook

Facebook

Search+ supone un intento directo de Google por empujar su red social utilizando un arma muy poderosa: su buscador. No indexará contenidos de Facebook, Twitter, LinkedIn u otras redes sociales, solo los de Google+. Google+ está a años luz de Facebook o Twitter. Y lo que es peor, la gente entra, prueba y apenas vuelve. A más registros, menos tiempo de permanencia, cinco minutos al mes de media en España el pasado septiembre, según Nielsen, donde Google+ cuenta con 2,2 millones de registros. En Facebook o Tuenti la gente se tira horas cada mes. Singhal ni confirma ni desmiente cifras, pero sí apuesta por el éxito de las novedades. “Cada dos o tres años transformamos el buscador. Lo hemos vuelto a hacer”.

“La búsqueda de Google siempre ha permitido encontrar los mejores resultados. Lo que buscas a veces es contenido público pero también contenido personalizado o compartido por las personas que conoces. Hasta ahora, la búsqueda ha estado limitada a un mundo de páginas web públicas creadas por personas a las que no conoces pero a partir de hoy añadiremos, para las búsquedas en google.com (aún no ha llegado a google.es), contenido de las personas a las que conoces en los resultados”, han explicado en el blog oficial de la compañía.

LupaVista la apuesta social de Google, muchos usuarios podrían temer sobre la privacidad de sus contenidos, pero la compañía ha querido dejar clara su postura en este sentido. “En lo referente a seguridad y privacidad, hemos puesto un listón muy alto. Gran parte de la información que encuentras en los resultados de búsqueda está protegida mediante cifrado SSL y hemos decidido que los resultados de búsqueda tengan el mismo nivel de protección de la privacidad”. El uso de cifrado SSL supone que una vez que los usuarios inician sesión en Google los contenidos que busca y a los que acceden están protegidos con el mismo sistema con que se protege la información almacenada en Gmail.

En cuanto a la privacidad Google ha asegurado que los usuarios solo tendrán acceso a los contenidos sociales marcados como públicos o cuya limitación de privacidad den acceso a cada usuario (por ejemplo porque haya sido publicado por un contacto que sí le permite el acceso).

Para aquellos usuarios que no quieran aprovechar todas estas posibilidades, Google ha diseñado un sencillo botón que permitirá limitar los resultados de búsqueda obtenidos para retirar las funciones sociales. Los usuarios que activen esta opción verán que el resultado de sus búsquedas no incluye información personal de sus contactos. Este botón estará en la parte superior del buscador y se podrá activar de forma fija a través del menú de configuración.

 
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Publicado por en 19 de enero de 2012 en Internet, Social, Sociedad

 

Peligrosa escalada en un posible conflicto militar en Oriente Próximo

Peligrosa escalada en un posible conflicto militar en Oriente Próximo

El Gobierno de Estados Unidos teme que Israel esté preparando  una acción militar unilateral contra Irán, lo que ha acrecentado la preocupación en el seno de la Administración presidida por Barack Obama. Como consecuencia, han elevado el nivel de alerta para proteger las dependencias estadounidenses de posibles ataques ante el posible estallido de un conflicto, según han confirmado fuentes oficiales al diario norteamericano The Wall Street Journal. Además de Obama, el secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, y otros altos cargos norteamericanos han trasladado “mensajes privados” y “directos” a las autoridades israelíes para advertirles de las consecuencias que conllevaría un ataque contra Irán. A tenor de estos indicios, Washington ha insistido a Tel Aviv que aguarde hasta que las sanciones económicas impuestas sobre el régimen de Teherán surtan efecto.

Fuentes oficiales han declarado a dicho diario que el Ejército norteamericano se está preparando para “un conjunto de posibles respuestas” ante un hipotético ataque israelí. Estas mismas fuentes han precisado que, entre otras, los “soldados están preparándose para asaltos de milicias chiíes iraníes en Irak contra la Embajada estadounidense en Bagdad”. Asimismo, han considerado que las sedes diplomáticas norteamericanas en Irak son “más vulnerables” tras la retirada del contingente militar del país a finales del pasado año. Hasta 15.000 funcionarios diplomáticos estadounidenses permanecen en Irak. Las mismas han manifestado que el Ejército “está posicionando a su aviación y otros dispositivos militares”, y Estados Unidos ha “acelerado la transferencia de armamento a aliados clave en la zona como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí como medida de disuasión”. Panetta y otros altos mandos del Gobierno han interpelado a las autoridades israelíes para asegurarse de que Tel Aviv no tomará acciones militares unilaterales contra Irán. No obstante, la respuesta de Israel “no ha mostrado compromiso alguno”.

Michael Oren, embajador israelí en Washington
Michael Oren, embajador israelí en Washington

Por su parte, fuentes oficiales de Israel han sostenido que Netanyahu continúa coordinando con Estados Unidos su respuesta a la amenaza iraní. “Israel cree que el endurecimiento de las sanciones combinada con una amenaza militar creíble puede disuadir al régimen iraní de desarrollar sus proyectos nucleares militares”, ha argüido el embajador hebreo en Washington, Michael Oren. “Nuestra preocupación se ha intensificado”, ha concluido un responsable militar de Estados Unidos, en vistas a una ofensiva israelí a pesar de las reticencias de la Administración Obama. “Es difícil saber qué es bravuconería y qué no lo es con los israelíes”, ha lamentado esta misma fuente. En este sentido, fuentes de la Inteligencia norteamericana han reprochado el  hermetismo hebreo, lo que ha reavivado el debate en el seno del Gobierno sobre el potencial peligro de que Washington se vea involucrado en “situaciones explosivas” por culpa de Israel, y, ante lo cual, los detractores de la política de alianza con Tel Aviv abogan por recurrir a “otras fuentes de información sobre Inteligencia” y, así, adivinar las “verdaderas intenciones de Israel”.

Entretanto, el embajador israelí en Washington, ha aseverado que la política que esgrime los gobiernos hebreo y estadounidense es que “todas las opciones permanecen encima de la mesa”. Oren ha remachado que “es crucial que los ayatolás en Teherán tengan en cuenta seriamente esta política”. En este contexto, Obama telefoneó el pasado jueves al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, el general Martin Dempsey, se reunirá la próxima semana con sus homólogos hebreos
en Tel Aviv.

Mustafá Ahmadi Roshan. Debajo su coche tras el atentado

Mustafá Ahmadi Roshan. Debajo su coche tras el atentado

El intercambio de acusaciones entre Israel y Estados Unidos con Irán se ha intensificado tras el atentado perpetrado el pasado miércoles en Teherán y que acabó con la vida de un joven científico iraní involucrado en el proyecto nuclear del régimen de Mahmud Ahmadineyad. Éste ha sido el último de una serie de atentados contra científicos iraníes que trabajan, directa o indirectamente en su programa nuclear El anterior subdirector del Mossad —la agencia de Inteligencia israelí—  sugiere la implicación israelí en el atentado de Irán: “La guerra secreta entre Irán y otros países, como Israel, Estados Unidos y Arabia Saudí, está en marcha prácticamente desde la revolución de 1979”, dice Ilan Mizrahi. El espionaje israelí calcula que a Irán no le interesa un conflicto abierto en torno a los movimientos petroleros.

El Gobierno iraní acusó este miércoles a Israel y EE UU del “ataque terrorista” en el que murió uno de sus científicos nucleares el pasado 11 de enero. Al parecer, el pasajero de una moto adosó una bomba lapa contra el vehículo en el que viajaba Mustafá Ahmadi Roshan, quien según los medios locales trabajaba en la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz. Se trata del cuarto especialista vinculado al controvertido programa atómico de Irán asesinado en circunstancias similares. El incidente adquiere mayor gravedad a la luz de la creciente tensión entre Teherán y Washington, y da argumentos a quienes dentro del régimen islámico quieren responder a la provocación.

“Esta acción terrorista cometida por los agentes de la opresión y del régimen sionista intenta impedir que nuestros científicos sirvan a su país”, declaró el vicepresidente Mohammad Reza Rahimí, en referencia a EE UU e Israel, cuyos nombres los portavoces oficiales evitan pronunciar. Rahimí también señaló que el atentado solo aumenta su determinación “para avanzar por el camino del progreso científico”.

Ilan Mizrahi, exdirector del Consejo Nacional de Seguridad israelí

Ilan Mizrahi, exdirector del Consejo Nacional de Seguridad israelí

El exdirector del Consejo Nacional de Seguridad, Ilan Mizrahi, se ha reunido con un grupo de periodistas en un hotel de Jerusalén y definido la “guerra secreta” como “algo intermedio entre la guerra y la diplomacia, algo que puede desembocar en guerra abierta pero mantiene abiertas vías de contacto más o menos encubiertas”. “La guerra secreta entre Irán y otros países, como Israel, Estados Unidos y Arabia Saudí, está en marcha prácticamente desde la revolución de 1979”, explica, “aunque algunos de sus episodios permanezcan ocultos”. En la misma dirección, Ilan Mizrahi, exdirector del Consejo Nacional de Seguridad israelí y exsubdirector del Mosad, no se ha esforzado en negar la implicación de los servicios secretos de Israel en el asesinato del científico iraní Mustafá Ahmadi Roshan. Pero sí ha subrayado que en esa “guerra secreta” hay “bastantes participantes y nadie actúa por su cuenta”. Mizrahi habló de “diversos países y de grupos de la oposición iraní”, aunque sin citar de forma expresa a los Muyahidines del Pueblo, posibles ejecutores de la acción.

Además del reciente asesinato de Mustafá Ahmadi Roshan, no esclarecido, al menos otros cinco científicos y militares vinculados al programa nuclear iraní han muerto en los últimos meses. Israel ya destruyó un reactor nuclear en Irak en 1981, y unas supuestas instalaciones nucleares sirias en 2007. Pero Irán es un enemigo de mayor entidad. El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, suele lanzar tremendas amenazas contra Israel; por otra parte, Irán ha demostrado históricamente no ser un país propenso a iniciar guerras. Israel, por su parte, mantiene su posición como fuerza militar hegemónica en Oriente Próximo. Y sabe que en cualquier acción contra Irán dispondría del respaldo encubierto de la mayoría de los gobiernos árabes sunníes, muy recelosos ante las ambiciones nucleares de Irán, persa y chií. Distintas filtraciones revelaron que la monarquía saudí lleva tiempo reclamando la destrucción de los reactores iraníes.

Ephraïm Halevy, exdirector del Mossad

Ephraïm Halevy, exdirector del Mossad

Mizrahi no es el primero en implicar a Israel en esta guerra oculta. El exdirector de la agencia de espionaje israelí Mossad, Ephraim Halevy, ha denunciado hechos como éstos. Hace dos meses, Halevy advirtió del peligro que supondría ataque militar contra Irán. Según Halevy, los resultados de una confrontación podrían ser devastadores para Oriente Próximo: “The State of “El Estado de Israel no debe ser destruido. Un ataque a Irán podría afectar no sólo Israel, sino toda la región durante 100 años”. Halevy agregó que, “aunque debe impedirse que Irán pueda convertirse en una potencia nuclear, está lejos todavía de representar una amenaza real para la existencia de Israel”. “La creciente radicalización de los ultraortodoxos (haredíes) representan un riesgo mayor que Ahmadinejad”, y añadió que “su radicalismo ha ensombrecido nuestras vidas”. Estos comentarios los realizó después de que se informara de que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el Ministro de defensa Ehud Barak habían intentado convencer al gabinete para atacar militarmente Irán por su programa nuclear.

Avión no tripulado estadounidense 'Drone', capturado por Irán

Avión no tripulado estadounidense 'Drone', capturado por Irán

La caída a principios de diciembre de un avión sin tripulación (drone) sobre el territorio de Irán causó preocupación en Washington porque podía suponer la confirmación de que Estados Unidos estaba implicado en algún tipo de actividad militar en ese país. Era el último episodio de una serie de misteriosos sucesos, casi todos orientados contra el programa nuclear, que hacen pensar en la existencia de una operación encubierta para abortar lo que se considera una creciente amenaza de que Irán construya una bomba atómica. El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, se negó a hacer cualquier comentario sobre este caso, aduciendo que la Administración no facilita información sobre el trabajo de los servicios secretos. Pero otras fuentes oficiales que han hablado con medios de comunicación norteamericanos de forma anónima han reconocido que el Drone, operado por la CIA y aparentemente destinado a fotografiar lugares estratégicos, cayó en suelo iraní debido a un fallo técnico.

Varios sucesos llamativos se han producido en las últimas semanas. El mes pasado, una explosión en una instalación de la Guardia Revolucionaria iraní, la fuerza que tiene el control del programa nuclear, causó la muerte de 16 personas, entre ellas el general Hassan Moqaddam, a quien se considera uno de los principales impulsores de la nuclearización de Irán. La semana pasada, otra explosión ocurrió en una planta de conversión de uranio en Isfahán, aunque las autoridades no han informado sobre las consecuencias de ese suceso. La naturaleza de estas explosiones y, sobre todo, el hecho de que en una de ellas muriera el general Moqaddam, ha hecho pensar que se trata de actos de sabotaje y no de accidentes fortuitos. En julio pasado, fue asesinado a tiros en Teherán el físico nuclear Darioush Rezaie, y en diciembre del año pasado murió en un coche bomba el científico Majid Shahriari. El mismo día de este último atentado, otro experto en física nuclear, Fereydoon Abbasi, habría resultado herido en un ataque de idénticas características.

Pese a que Irán acusó directamente de estos atentados y los del año pasado al servicio secreto israelí, Mossad, y a EE UU, las autoridades iraníes han sido por lo general prudentes a la hora de señalar responsabilidades por otras acciones, probablemente porque eso le obligaría a ejecutar acciones de represalia. En todo caso, tanto Israel como EE UU cuentan con que esas represalias pueden producirse en cualquier momento. La denuncia por parte del Gobierno norteamericano, el pasado octubre, de una presunta conspiración, urdida y financiada por Irán para asesinar al embajador de Arabia Saudí en Washington, podría haber sido un aviso a Teherán de que EE UU está alerta ante posibles amenazas de ese tipo.

Diario israelí Haaretz

Diario israelí Haaretz

Sin embargo, según el diario israelí Haaretz, las sospechas iraníes de una provocación de Israel reforzaron la percepción de que el asesinato ha sido parte de una campaña organizada y clandestina para hacer retroceder las ambiciones nucleares de Irán, que Estados Unidos y sus aliados sospechan que están encaminadas a producir armas, mientras que Irán sigue afirmando que su programa es exclusivamente para fines pacíficos. También en una columna del periódico iraní Kayhan firmada por su redactor jefe Hussein Shariatmadari se pregunta por qué Irán no tomará represalias. “Los asesinatos de funcionarios y militares israelíes son fácilmente posibles”. El ataque —en el que murieron instantáneamente el científico y su conductor el miércoles— fue como mínimo el cuarto dirigido contra un miembro de confianza de la inteligencia nuclear de Irán en dos años.

El ministro israelí de Interior, Eli Yishay, del partido ultraortodoxo Shas

El ministro israelí de Interior, Eli Yishay, del partido ultraortodoxo Shas

Los detalles de la implicación israelí y estadounidense en estos sucesos han ido conociéndose gracias a quienes, en el Ejército y en el Gobierno, piensan que un ataque contra Irán resultaría cuando menos temerario.

Al margen de consideraciones políticas o estratégicas, los militares indican que un bombardeo podría tener resultados insatisfactorios, dado que las instalaciones nucleares iraníes son subterráneas y están muy protegidas. Según Haaretz, tanto el jefe del Ejército, general Benny Gantz, como los jefes de los tres servicios de inteligencia figuran entre quienes rechazan el bombardeo preventivo y unilateral, y reclaman el apoyo de los aliados estadounidenses y británicos. El ministro del Interior, Eli Yishai, del partido religioso ultraortodoxo Shas, también se opone al ataque. En una reunión de su partido, Yishai comentó que la posibilidad del bombardeo le mantenía “despierto por las noches” debido a la gravedad de las posibles represalias por parte de Irán, de sus aliados sirios, de la milicia chií libanesa Hezbolá y del grupo armado palestino Hamas desde Gaza. Otro de los ocho ministros que conforman el núcleo gubernamental que adopta las decisiones importantes, el centrista Dan Meridor, considera que Irán representa “un riesgo para todo el mundo” y que corresponde a Estados Unidos, no a Israel, asumir el liderazgo en cualquier acción política o militar.

El juego que se desarrolla en Oriente Próximo es complejo. Como elemento fundamental aparece la disputa por la supremacía regional, con Irán en un lado (junto a Siria, al menos de momento, el Irak chií y la milicia libanesa Hizbolá) y el eje Israel-Arabia Saudí-monarquías petroleras, respaldado por Estados Unidos, en otro. “A veces se olvida a Turquía, que aspira a la hegemonía porque tiene recursos para ello y que, en mi opinión, sigue un rumbo que conduce a la confrontación con Irán”, indica Ilan Mizrahi.

Mapa del Golfo Pérsico. A la derecha, el Estrecho de Ormuz

Mapa del Golfo Pérsico. A la derecha, el Estrecho de Ormuz

Dos nuevos portaaviones estadounidenses llegan al mar Arábigo

La clave del juego en estos momentos es la aspiración iraní de poseer armas nucleares, con el fin de equilibrar unas fuerzas por el momento muy favorables a sus rivales. Las cada vez más severas sanciones impuestas a Irán para que renuncie a su programa nuclear han ampliado el juego al ámbito del petróleo: Teherán afirma que si siguen estrangulándose sus exportaciones de crudo, cerrará el estrecho de Ormuz y cortará el paso al petróleo de los saudíes y del resto de monarquías del Golfo, lo que dispararía los precios y ejercería un impacto inmediato sobre Occidente.

Ahora mismo, toda la atención se centra en Ormuz. En los últimos días han llegado a Israel unos 8.000 pilotos y técnicos aéreos del Ejército estadounidense para participar en lo que, en principio, deberían ser las mayores maniobras militares conjuntas realizadas entre Israel y Estados Unidos. Un número indeterminado de pilotos israelíes se ha desplazado a su vez a bases estadounidenses en Alemania. Pero Desafío Austero, como se ha llamado a la operación, “ha dejado ya de consistir en unas maniobras militares para convertirse en un despliegue”, según el general Frank Gorenk. El despliegue podría servir tanto para mantener abierto Ormuz como para lanzar un ataque directo contra Irán.

Arabia Saudí no participa en Desafío Austero, pero ha recibido aviones de combate estadounidenses F-15 por valor de casi 30.000 millones de euros. Otros países próximos a Washington, como Emiratos Árabes Unidos, serán dotados también de aviones adicionales y de bombas de gran potencia, capaces de dañar las instalaciones nucleares subterráneas iraníes si se eligiera esa opción.

El Ejército de Estados Unidos afirmó el miércoles 11 de enero que un nuevo portaaviones había llegado al mar Arábigo y que otro está camino de la región, pero ha negado que estos movimientos tengan relación con las crecientes tensiones con Irán y ha tildado estas acciones de rutinarias. Estos desplazamientos se producen en un momento en que las tensiones están disparándose entre ambos países y poco después de que Irán haya amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz en caso de que las sanciones de Washington y la Unión Europea afecten negativamente a sus exportaciones de petróleo.

Portaviones norteamericano en el estrecho de Ormuz

Portaviones norteamericano 'USS Carl Vinson' cerca del Estrecho de Ormuz

Así mismo ya ha asegurado que no permitirá el bloqueo del estrecho. Pese a todo, el Pentágono ha desmentido que exista una relación directa entre estos cruces de declaraciones y la ubicación de nuevos portaaviones en el mar Arábigo. “No quiero que nadie se lleve la impresión de que estamos enviando allí dos buques porque estamos preocupados por lo que ha pasado hoy en Irán. No es el caso”, ha dicho el portavoz del Pentágono, John Kirby. Kirby ha hecho referencia así al atentado con bomba que este miércoles ha acabado con la vida de un científico nuclear en Teherán, del que la República Islámica ha acusado a Israel.

Fuentes del Ejército estadounidense han dicho que el USS Carl Vinson llegó el lunes de la pasada semana al mar Arábigo para reemplazar el USS John C. Stennis, al que Irán advirtió de que no volviera al golfo Pérsico tras salir de él en diciembre. El Stennis debía regresar al puerto estadounidense de San Diego, pero el Pentágono no ha especificado la fecha en la que esto ocurrirá. Otro grupo de barcos, liderados por el portaaviones USS Abraham Lincoln, finalizó su visita a Tailandia el martes y está ahora en el océano Índico de camino a la región. Así, se incorporará al Vinson en el área de operaciones del Comando Central (CENTCOM).

“No es inusual tener dos portaaviones en el teatro del CENTCOM al mismo tiempo”, ha señalado una fuente militar. Otra fuente ha recalcado que esta situación se ha dado al menos dos veces en los últimos 18 meses. “Operamos de manera rutinaria con nuestros barcos —todos nuestros barcos, todos nuestros tipos de barcos— dentro del golfo Pérsico, y esto va a continuar siendo así”, ha apostillado Kirby.

Ante el alarmante incremento de la tensión con Irán, la Marina de Estados Unidos ha preparado distintas opciones militares para mantener abierto el estrecho de Ormuz. La Administración norteamericana ha advertido
directamente al máximo líder iraní, ayatolá Alí Jamenei, según ha podido saber el diario The New York Times, que no dudaría en recurrir a la guerra para impedir el cierre de ese punto esencial para el tránsito internacional del petróleo. El Gobierno de Barack Obama, según el periódico, ha establecido una vía directa de comunicación con Jamenei para hacerle saber que el cierre del estrecho de Ormuz significaría “cruzar una línea roja”, ante lo que EE UU no se quedaría de brazos cruzados. El jefe de las fuerzas armadas norteamericanas, general Martin Dempsey, ha advertido que, ante una contingencia como esa, “se tomarían acciones”.

Aunque no se conocen los detalles de esas acciones, expertos militares y antiguos responsables de estos asuntos han asegurado que el Pentágono ha estudiado varias alternativas para el uso de sus fuerzas navales en el mar Arábigo y está convencido de su capacidad para destruir la armada iraní y garantizar la navegación en el estrecho. Actualmente viajan hacia esas aguas dos portaviones norteamericanos con sus correspondientes flotas de apoyo.

El riesgo de un enfrentamiento militar con Irán ha crecido como consecuencia de la presión sobre ese país para que permita la inspección internacional de su programa nuclear, del que la Organización Internacional para la Energía Atómica sospecha que tiene como fin la construcción de una bomba atómica. EE UU y sus aliados en Europa han tratado de frenar hasta ahora ese programa por medios diplomáticos y políticos. Una serie de sanciones económicas se han ido aplicando desde hace varios años y pueden ampliarse en las próximas semanas a la industria petrolera, vital para la supervivencia de Irán. Pero las muertes en atentados de varios científicos iraníes —el último de ellos, asesinado este miércoles por un coche bomba— han llevado a pensar que EE UU e Israel están conduciendo, al mismo tiempo, una guerra encubierta contra el programa nuclear iraní.

Aunque la Administración lo ha negado oficialmente, la convicción en Teherán de que esos atentados han sido cometidos por los servicios secretos israelíes ha obligado a EE UU a tomar toda clase de precauciones ante el riesgo de una acción de venganza por parte del régimen islámico. El jueves, Obama habló con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y salió públicamente a recordar el compromiso norteamericano con la seguridad de Israel.

Almirante Jonathan W. Greenert

Almirante Jonathan W. Greenert

Si la posibilidad de un ataque de Irán contra Israel es uno de los peligros para el que se preparan los responsables en Washington, el otro es el cierre del estrecho de Ormuz, una opción con la que ya ha amenazado en el pasado el Gobierno iraní. The New York Times cita al jefe de Operaciones Navales de la Armada estadounidense, almirante Jonathan Greenert, quien reconoce: “El caso del estrecho de Ormuz y las cosas que están pasando en el mar Arábigo son los temas que me quitan el sueño en estos momentos”.

El general Martin E. Dempsey ha reconocido que Irán cuenta con recursos militares para bloquear el estrecho, especialmente con el uso de las fuerzas navales de su Guardia Revolucionaria, el cuerpo de élite del Ejército iraní. EE UU dispone de medios suficientes en la región como para reabrirlo inmediatamente, pero eso exigiría una compleja operación militar en una zona con muchas dificultades.

El presidente de Israel, Benjamin Netanyahu

El presidente de Israel, Benjamin Netanyahu

El espionaje israelí calcula que a Irán no le interesa un conflicto abierto en torno a los movimientos petroleros, porque podría desembocar en ataques contra su territorio y la correlación de fuerzas le perjudica. A los iraníes les conviene más jugar a las escaramuzas, dificultar el paso de los petroleros saudíes sin impedirlo completamente y elevar la tensión de forma controlada: las primas de las compañías de seguros sobre los fletes de petróleo y el temor en los mercados bastarían para elevar rápidamente el precio del crudo.

En el juego participa también China, la nueva gran potencia. China ha comunicado a las autoridades de Teherán que reducirá sus compras de petróleo iraní, lo que en Israel se interpreta como un doble guiño: a Estados Unidos, que intenta convencer a Pekín de que se una a las sanciones, y a Irán, para que se mueva con cautela y no emprenda acciones de consecuencias irreversibles.

Ahmadineyad: “Irán no ha hecho nada que justifique la enemistad de Occidente”

En su actual viaje a La Habana, el presidente de Irán, Mahmud  Ahmadineyad, ha considerado que su país no ha hecho nada que justifique la enemistad de Occidente, durante una conferencia que ha ofrecido en la Universidad de La Habana, en el marco de su gira por la región. “¿Hemos agredido a alguien?, ¿Hemos querido más de lo que nos corresponde? Nunca, jamás. Solamente hemos pedido justicia”, ha dicho Ahmadineyad durante su discurso, tras el cual no ha permitido preguntas.

Mahmud Ahmadineyad, Presidente de Irán

Mahmud Ahmadineyad, Presidente de Irán

En este sentido, ha considerado que Irán está siendo castigado por los países occidentales, aunque no ha aludido al atentado con bomba que este miércoles ha acabado con la vida del científico nuclear en Teherán Mustafá Ahmadi Roshan, uno de los responsables de la planta nuclear de Natanz, la mayor del país, del que la República Islámica ha acusado a Israel. El presidente se limitó a celebrar que el sistema occidental se encuentre “en un callejón sin salida”. “Gracias a Dios estamos presenciando la decadencia del capitalismo en términos económicos, políticos y culturales”. El presidente de Irán tampoco se ha referido en Cuba a las acusaciones de la comunidad internacional sobre el programa nuclear de su país. En su lugar se ha centrado en reclamar un nuevo orden mundial basado en la justicia que respete a todos los seres humanos, en el que cooperen Cuba y Venezuela. “Tenemos que estar despiertos, alertas. Si nosotros no planeamos el nuevo orden futuro del mundo serán los herederos de los dueños de esclavos y los capitalistas los que van a controlar e imponernos el nuevo sistema”.

Netanyahu supedita el éxito de las sanciones económicas a la existencia de una amenaza militar patente de EEUU

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha declarado que las nuevas sanciones económicas impuestas sobre Irán para detener su programa nuclear parecen haber surtido efecto, siempre y cuando se combine con una amenaza militar liderada por Estados Unidos. En una entrevista concedida al diario The Australian in Jerusalem, publicada este sábado, Netanyahu ha encomiado “ver temblar a Irán por primera vez”.

En este contexto de escalada de las tensiones entre Irán y la firme alianza conformada por Estados Unidos e Israel, Washington ha expresado nuevamente su preocupación ante un hipotético ataque militar unilateral de Israel. El presidente estadounidense, Barack Obama, ha abogado por endurecer las sanciones económicas sobre el régimen de Mahmud Ahmadineyad. Sin embargo, Netanyahu ha supeditado el éxito de dichas medidas a “una declaración firme de la comunidad internacional, liderada por Estados Unidos, hacia una intervención militar para detener a Irán si las sanciones fracasan”. De esta forma, ha continuado Netanyahu, “Irán podría considerar no ir hacia el dolor”. “No tiene sentido seguir adelante con tu proyecto si sabes que vas a ser detenido de todas las formas”, ha alegado el primer ministro hebreo, en alusión al proyecto nuclear iraní. “De todas formas, la economía iraní está dando muestras de presión.

Fuentes diplomáticas cercanas a la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) han afirmado al diario norteamericano The New York Times que está negociando un encuentro con Irán para abordar las acusaciones que pesan sobre su programa nuclear. Occidente asevera que su objetivo es “militar”, mientras que Teherán apunta que tiene finalidad “civil” y “sanitaria”. Otras fuentes han argüido que todavía no se han producido debates sobre las causas de raíz que alimentan tales especulaciones y que entren a valorar las pruebas existentes de que el programa nuclear iraní tiene fines militares. Según ha declarado una fuente diplomática bajo la condición de anonimato, el encuentro entre la AIEA y responsables iraníes podría tener lugar a finales de este mes. “No sería normal que (los representantes iraníes) entraran a debatir la naturaleza de las acusaciones de fines militares. De hecho, ya están discutiendo la formalización de la reunión”, ha explicado la misma fuente.

Barak Obama, Presidente de los EE UU

Barak Obama, Presidente de los EE UU

Por último, en cuanto a la posición de la administración Obama, su política exterior está centrada en estos momentos, al parecer, en torno a Irán. Los 8.000 pilotos y técnicos aéreos estadounidenses desplazados a Israel en los últimos días con el objeto de realizar maniobras conjuntas ofrecen una respuesta muy clara al anuncio de Irán de que va a enriquecer uranio por encima de los niveles requeridos para su uso civil. A su vez, la ristra de atentados contra científicos iraníes, aunque supuestamente se lleve a cabo mediante actores interpuestos, bien sean opositores iraníes, los servicios de inteligencia israelíes o, ¿por qué no?, Arabia Saudí u otros que también consideran el programa nuclear iraní como una amenaza de primer orden, no es algo que pueda ocurrir sin la aquiescencia, aunque sea implícita, de Estados Unidos. Sumados a la tensión generada por las sanciones al sector petrolero iraní y las amenazas de Teherán sobre el estrecho Ormuz, todo indica que los actores involucrados han decidido elevar sus apuestas y, en consecuencia, las posibilidades de un conflicto abierto.

Hasta ahora, igual que Bush hijo, Obama no ha dudado en emplear la fuerza para defender lo que percibe que son los intereses de Estados Unidos. Pero en contraposición a Bush, ha preferido siempre utilizar la fuerza del modo menos visible posible, no comprometer fuerzas terrestres y permitir que otros asuman el protagonismo. Hasta la fecha, las guerras de Obama han sido de baja intensidad: pero según avanza 2012, las cosas pueden cambiar.

 

José Caballero Bonald publica ‘Entreguerras o De la naturaleza de las cosas’, autobiografía poética

José Manuel Caballero Bonald condensa su vida en Entreguerras o De la naturaleza de las cosas, una autobiografía en forma de verso donde el autor aúna recuerdos con el eco de su propia vida y el de los autores que han jalonado su existencia. El autor ofrece a ritmo de verso, y prescindiendo de los signos gramaticales, la síntesis de su trayectoria vital, “supeditado al flujo y reflujo de la memoria”. Entreguerras es la autobiografía poética de José Caballero Bonald en un sentido doble de vida contada y poesía revisitada; los hechos recordados y el eco de la propia obra son la geografía que habita el poeta. Un viaje en busca del impulso vital para enfrentar el vacío del mañana. Caballero Bonald precisa que el hecho de que se trate de “un solo y extenso poema de perseverante carácter autobiográfico, con sus predecibles injertos de ficción, concede alguna disculpa a esa obstinación retórica”.

Jerezano de 85 años cumplidos en noviembre, con estudios de Filosofía y Letras, Náutica y Astronomía posee casi todos los premios disponibles, entre ellos, tres de la Crítica en, caso raro, dos géneros distintos —poesía: Las horas muertas (1959) y Descrédito del héroe (1977), y novela: Ágata ojo de gato (1974)—. Como las de los toreros, las retiradas de los escritores son casi un género literario: nunca se sabe si un artista se retira del todo. Pero Caballero Bonald ha dado ya señales de que habla en serio. En 1992 publicó la novela Campo de Agramante y no ha vuelto a reincidir en la ficción. En 2001 cerró con La costumbre de vivir las memorias que había abierto seis años antes con Tiempo de guerras perdidas. El relato de sus recuerdos se detuvo en la muerte de Franco y ahí sigue. Demasiado desencanto en la transición política. Demasiada gente viva en el posible índice onomástico.

José Manuel Caballero Bonald

 “Después de esto ya no voy a escribir nada, no tengo necesidad… Algún artículo que me pidan”, concede porque conoce la costumbre necrológica de los periódicos y su condición de superviviente de una generación, la de los años cincuenta, diezmada antes de tiempo. Él formaba parte de ella con sus amigos Ángel González, Juan García Hortelano, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Claudio Rodríguez… Alguna vez ha mirado la foto histórica del homenaje a Machado en Collioure (1959) y ha comprobado que solo él queda vivo de aquel viaje a Francia. Para Caballero Bonald el esto de “después de esto” es Entreguerras o De la naturaleza de las cosas (Seix Barral), el libro-poema de casi 3.000 versículos que publica la semana que viene y que ha subtitulado con un homenaje, ambicioso y explícito, a Lucrecio: O de la naturaleza de las cosas.

 El volumen está rubricado en octubre de 2011 y Caballero lo empezó en abril del año anterior. Entre una fecha y otra hubo cuatro borradores: “Es el libro que he escrito en menos tiempo, cosa que va un poco en contra de mis hábitos. Lo escribí en un estado de ánimo muy especial, como estimulado por una apremiante voluntad introspectiva”. Con un “carácter autobiográfico clarísimo”, el conjunto prescinde de los signos de puntuación: “Lo pedía el carácter fluvial del poema, el propio flujo y reflujo de la memoria”. Más de una vez ha dicho Caballero Bonald que en un poema las palabras deben tener un significado más amplio que el que tienen en los diccionarios y esa tensión se ha traducido en Entreguerras en un viaje por los límites del lenguaje, violentando la gramática, ahondando en la complejidad de la memoria: “No he huido del hermetismo, llegado el caso”, explica el poeta. “La experiencia que estaba descifrando era a veces oscura y el texto también lo es. La poesía es hermética cuando lo es el mundo que pretende describir, esas palabras que lo identifican”.

 Entreguerras tiene, de hecho, algo de salto mortal por parte de un escritor al que las historias de la literatura le habían abierto hace años un capítulo amplio y cómodo, con vistas al Parnaso y calefacción central. “A mi edad hacer este libro… Al terminarlo pensaba que no me correspondía, que estaba excediéndome en la cuota de las osadías testamentarias y que podía conducirme a un callejón sin salida. Pero superé el trance y ahí está todo lo que he escrito y todo lo que he vivido, ahí está como el compendio de mi literatura y mi vida y eso le da un valor estético especial. Con toda seguridad es el final de mi obra. Después de esto ya no voy a escribir nada, no me va a hacer falta”. Más que de angustia, esa certeza, dice, le produce una sensación de “liberación”. “Antes, cuando terminaba un libro me sentía incómodo, sospechaba de mí mismo. En este he tenido menos dudas. Pensar que es mi último libro me da una sensación de plenitud, no me desconcierta. Ya he cumplido”.

 La última palabra del último verso es “vida”. No puede ser casual. No lo es. “Soterradamente hay una preocupación grave por la edad, por el paso del tiempo, esa sensación de acabamiento. Con este libro se ha acabado mi literatura y se ha acabado mi vida. Lo último sí es preocupante, pero se contrarresta con la sensación de plenitud”. ¿Y la eternidad? “Me gustaría creer en ella. Cuando se esparzan mis cenizas en el sitio que yo quiero terminaré convirtiéndome en árbol, en agua, en piedra… Viviré en la naturaleza para siempre. Incluso puedo compartir la idea de divinidad, sin roces ni traumas”.

 Cerrando todos los círculos posibles, Entreguerras ve la luz cuando se cumplen 60 años de la aparición de Las adivinaciones, el libro de poemas con el que se estrenó Caballero Bonald, y 50 de la de Dos días de septiembre, su primera novela. Aquel fue accésit del Premio Adonais. Esta ganó el Biblioteca Breve. Dos hitos más de un tiempo que parece otra era. Para su protagonista, que de continuo remite a su vejez —”tengo ya muchos años y lo mínimo que puedo tener son etapas”—, la edad ha hecho su propia criba: “Tengo mis propios litigios con mi obra novelística”, explica. “Renuncié a la narrativa hace ya años y hoy soy incluso mal lector de novelas. Entre mis novelas salvo Campo de Agramante y sobre todo Ágata ojo de gato, que en el fondo responde a una formulación poética. Lo demás han sido búsquedas más o menos bien articuladas. No me considero en puridad un narrador, soy un poeta que hizo algunas incursiones novelísticas”. Pese a todo, Dos días de septiembre colocó a Caballero Bonald en la primera división de la narrativa española del medio siglo sin colgarle el, peligroso por perdonavidas, sambenito de novela de poeta: “Fue mi tributo al realismo social. La escribí deliberadamente así, pensando que tenía que ser el testimonio crítico de una determinada sociedad… Fue un ejercicio novelístico del que estoy satisfecho, sobre todo por el cuidado lingüístico. Apruebo en este sentido todas mis novelas, pero ninguna me complace tanto como Ágata”. Además, aquella novela inaugural, denuncia de una sociedad andaluza anquilosada, le valió en su propia ciudad el calificativo de antijerezano. Agua pasada hoy, cuando el escritor tiene allí incluso una fundación con su nombre. “No me acuerdo muy bien, pero creo que se acabó entendiendo que también se critica lo que se ama. A Jerez le tengo el apego que se puede tener a la patria en la que naces, aunque ya se sabe que las patrias, chicas o no, son todas equívocas. Lo que se ve desde la ventana donde uno soporta la vida con placer, eso es la patria. Yo he tenido cuatro o cinco patrias predilectas”.

Caballero BonaldA Caballero Bonald no le importó que lo llamaran antijerezano, y el mismo efecto le produjo que lo llamaran barroco. “Supongo que soy barroco”, dice convencido, “por naturaleza, por contagio del paisaje físico que más me atrae. Para mí el barroquismo nunca ha sido una complicación sintáctica o léxica ni una acumulación de bellos términos para llenar un vacío, sino una aproximación a la realidad a través de palabras nunca usadas para definir esa realidad. Eso es el barroco. Algo, por cierto, que conecta con la idea de lo real maravilloso de Alejo Carpentier, o con el surrealismo. Me interesa esa búsqueda del enigma que hay detrás de la realidad. A veces pones juntas dos palabras que nunca lo han estado y se abre una puerta, se descubre un mundo. Y eso se produce incluso por puro atractivo fonético, por la música de las palabras. Siempre he dicho que la poesía es una mezcla de música y matemáticas”. Desde ese presupuesto, no es extraño que el fervor de Caballero Bonald por Góngora se sumara a su deslumbramiento adolescente por Espronceda, al que descubrió en una biografía que retrataba al poeta romántico con rasgos dignos de fascinar a un adolescente… Más rendido a su vida que a su obra, Caballero Bonald se lanzó a imitarlo escribiendo poemas y llevando una vida “licenciosa”. “Digamos que siempre he estado abriéndome camino entre el surrealismo y el romanticismo”.

 Las noches del poeta duraban días. Ya no, pero de entonces le queda un único proyecto que no pasó de ahí: escribir la biografía de un cantaor flamenco que fuera la cifra de los muchos que ha conocido. “Algo parecido a lo que hizo Cortázar con Charlie Parker en El perseguidor”, dice un autor que ha escrito ensayos como Luces y sombras del flamenco y publicado una antología discográfica como Archivo del cante flamenco. “Todo eso de declarar al flamenco patrimonio inmaterial de la humanidad y de que haya cátedras en la universidad e instituciones que lo tutelan no concuerda con la libertad intrínseca del flamenco, que siempre ha ido por libre, ha sido una protesta sin destinatario, el grito de un pueblo larga y tenazmente sojuzgado. A mí me atrajo porque era un arte marginal al que ni los propios andaluces apreciaban, salvo para esas juergas indecorosas… Era un arte propio de gente errática, menesterosa, vinculado a un clima tabernario, prostibulario. Me conmovía andar con esas gentes que habían heredado la cristalización de muchas antiguas raíces musicales”. Antes de dejarse llevar por el tobogán de los recuerdos, Caballero Bonald aclara: “No soy ni mucho menos un purista. Detesto el purismo en todos sus órdenes. El flamenco ha evolucionado de acuerdo tal vez con las necesidades de los destinatarios, que pedían algo más asequible. Yo defiendo las fusiones, con el jazz, por ejemplo, que no es mala alianza. Ya Demófilo, el padre de los Machado, contaba que el flamenco cambió cuando, en el siglo XIX, saltó del anonimato a los escenarios. Dejó de tener esa atracción de lo clandestino, de lo minoritario. Ahí empezó no a degradarse sino a tener otro sentido, a obedecer a otros estímulos, porque el sentido primordial del flamenco es una habitación y cuatro o cinco personas oyendo cosas imposibles. Pero todo eso ya es una estampa anacrónica”.

 Con el primer ejemplar de Entreguerras sobre la mesa —hay un reloj deformado en la cubierta—, su autor, devoto de Terremoto de Jerez, de Manuel Agujetas, del Sordera, fantasea con esa biografía que, asegura, nunca escribirá. “El cantaor es un hombre de estirpe lunática, de una personalidad más bien delirante, saben mucho y no saben nada. Han heredado su sabiduría expresiva por tradición oral y cantan como el que es artista porque su padre también era un buen artista. Sus modelos de vida pueden ser muy enigmáticos y muy simples al mismo tiempo. Y luego están esos relumbres de ingenio, la sabiduría de la sangre… y la locura. Terremoto era un hombre disparatado, Agujetas más todavía. Todos se van volviendo excéntricos, tocados por una extraña tentación del abismo. Tal vez su desequilibrio venga de la propia naturaleza de lo que cantan, de ese tortuoso sacar a flote la intimidad por medio del ritmo. Como en el jazz. El grito del cante es una experiencia que lleva al cantaor a una situación límite”.

 Caballero Bonald habla con tanta convicción que parece mentira que no vaya a lanzarse a escribir su perseguidor particular. Dice que no. Ahora habrá que buscarlo en los periódicos, donde la edad le ha obligado a redactar la necrológica de sus amigos más veces de las que hubiera querido. “Todos han muerto”, dice sin patetismo. “Queda Brines, al que quiero mucho, pero con el que no anduve tanto. Echo mucho de menos a Ángel González y a Juan García Hortelano, mis amigos del alma. Y a otros grandes amigos suramericanos ya muertos: a Jorge Gaitán, a Eduardo Cote, a Martínez Rivas, a Ernesto Mejías, a Julio Ramón Ribeyro… Eran compañeros muy afines, muy predispuestos a la desobediencia, bebían lo suyo y las noches eran de larga duración… Pero todo eso se fue al garete, como tantas otras cosas… La vejez es una cabronada”.

Hay algo más en Entreguerras que ya pudo conjeturar el lector de Soliloquio y del ‘Epílogo’ de la antología Tiempo de muchas aguas, que se anunciaba como “parte de un libro en preparación”, ambos en 2010. Y es que Caballero Bonald andaba sobre los pasos de un poema unitario, fusión de “secuencias acumulativas” que aquí ha llamado “capítulos”, como si lo fueran de un relato. Pero no es narración en verso sino poema de punta a cabo, con voluntad de serlo y entroncado en la tradición moderna que, en español, inspiró Espacio, de Juan Ramón Jiménez; Piedra de sol, de Octavio Paz, y Dador, de José Lezama Lima, entre otros. En todos hay imágenes seminales, biografía e historia alrededor, temporalidad vivida y simultaneidad creadora, preguntas de relevancia moral, quejas de la fugacidad de las cosas y convicciones bien ganadas. “La poesía y la historia se complementan, a condición de que el poeta sepa guardar las distancias”, escribió Octavio Paz en El signo y el garabato;en eso confían quienes escriben poemas de esa traza cuya referencia, sin embargo, es el milagro del lenguaje: allí se revelarán al cabo historia y vida. También lo ha hecho Pere Gi

mferrer en su reciente Rapsodia, que se ha complacido en incorporar versos ajenos a su propio recorrido; por su parte, Caballero Bonald previene también una larga lista de deudas gozosas, entre las que se encuentra, claro, Gimferrer mismo.Caballero Bonald en su casa de Madrid

 No es el único tributo a modelos o a admiraciones en los que el poeta se complace y quiere asociar a sus versos: en el capítulo III se cita —por sus nombres de pila, como ya es costumbre inveterada— a Ángel (González) y José Ángel (Valente) y Carlos (Barral) y José Agustín (Goytisolo) y Alfonso (Costafreda) y Jaime (Gil de Biedma), cofrades generacionales. Por sus apellidos, a Tàpies, Millares, Saura, Oteiza y Viola, que hicieron del arte abstracto un signo de afirmación e intervención en la vida de su tiempo. Poco más allá, a Juan Ramón, Cernuda, Vallejo, Lorca, Cunqueiro, Ory, Barral y Valente, otra vez, como referentes líricos. El lector de los dos volúmenes de memorias de Caballero Bonald (ahora recogidos y enmendados en uno, La novela de la memoria, 2010) conoce ya los acontecimientos, alguna fabulación divertida y otros significados de la vida del escritor y sabe que se trata de una de las cumbres del género en las letras españolas. Pero ya hemos dicho que Entreguerras no es un resumen, ni la busca de dimensión lírica de los hechos acaecidos, sino otra forma de revelación de sí mismo que el escritor ha recibido en forma de un lenguaje caudal y apasionado, urgente y demorado a la vez.

Por supuesto, cada capítulo tiene un centro irradiante: el primero habla de Madrid, cuando estaba “asediada de vítores y máscaras de adalides”; el tercero, como se ha indicado, de los orígenes literarios; el quinto regresa a la geografía colombiana que marcó un trienio de su biografía en el comienzo de los años sesenta; el séptimo habla de Doñana, “Argónida en el listado de mi alma”, y el décimo es un canto al Mediterráneo. “También yo soy aquel que nunca escribe nada / si no es en legítima defensa”, arguyó Caballero en ‘Bibliografía’, de Diario de Argónida. ‘Ubi bene ibi patria’ (donde se está bien, está la patria) fue el título de un poema de Manual de infractores, inspirado por unas noches romanas y por una cita de Marco Pacuvio que Cicerón ha legado a la posteridad. Se diría que tales son las dos pautas centrales de Entreguerras. Que acaba, al borde del tiempo que concluye, “mientras musito escribo una vez más la gran pregunta incontestable / ¿eso que se adivina más allá del último confín es aún la vida?”. Por supuesto, no es la vida eterna sino, en todo caso, la eternidad de la vida, lo único que puede desear un lúcido discípulo de Lucrecio y de Horacio. Ha escrito lo mismo que seguramente —y por repetir su nómina— habrían estampado Ángel y José Ángel y Carlos y José Agustín y Alfonso y Jaime, si la vida les hubiera otorgado esos ochenta y cinco años admirables que Caballero Bonald celebra, superando “los miedos que tanto se parecen al ejercicio de la valentía”, cuando está oyendo “la voz universal que alienta en lo más último”.

 
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Publicado por en 7 de enero de 2012 en Literatura